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AstroPatiperros 1: #AstroUDP y ALMA se encuentran

Después de una estrecha relación entre AstroUDP y el Observatorio ALMA durante el 2015, parecía simplemente natural hacer una visita-reportaje al sitio del Observatorio. El 13 de enero pasado tuvimos la oportunidad de visitarlo y llegar hasta el Llano de Chajnantor, donde se ubican las antenas a 5.000 metros sobre el nivel del mar, y ahora queremos compartir la experiencia en primera persona de estar en uno de los observatorios más asombrosos del mundo.

Por Erika Labbé Waghorn.

NOTA: Todas las imágenes del artículo se agrandan al pinchar sobre ellas. Para cerrarlas después, pinche la cruz en la esquina superior derecha.

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A 5.050 metros de altura, en una extensa planicie escondida entre cerros y volcanes de nuestra Cordillera de los Andes, se encuentran las 66 antenas de entre 7 y 12 metros de diámetro que conforman el Observatorio ALMA y que cada día y cada noche observan el Universo con una precisión sin precedentes.

Con nuestros astrónomos trabajando y publicando asombrosos resultados con observaciones realizadas con sus radiotelescopios, nuestras actividades de difusión siendo financiadas por un proyecto ALMA-Conicyt, y la gentileza que tuvieron de donarnos las antenas armables que tanto entusiasmaron al público como premio en nuestras charlas, nuestra relación con ALMA ha sido intensa este año.

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LaSilla_2000

Año 2000: Yo dentro del radiotelescopio SEST de 15 m. en La Silla.

Personalmente, cuando recién escuché del proyecto por ahí por el año 2000 mientras era aún una estudiante, que me pareció irresistible… Luego conocí el radiotelescopio SEST del Observatorio La Silla (Si, debo confesar que ALMA no fue el primero) y fue amor a primera vista. Digamos que no necesité de muchos más argumentos para querer visitar ALMA.

Podría empezar contándoles de qué se trata ALMA, pero estoy segura de que en el sitio web de ALMA lo hacen mejor. Lo que quiero realmente contarles es lo que se siente estar ahí.

Para entender lo adrenalínico que puede llegar a resultar – al menos la primera vez -, es necesario que comencemos hablando de las medidas de seguridad.

 La Seguridad en ALMA

Claramente se toman muy en serio la seguridad y la salud en este observatorio. Al entrar al sitio de ALMA desde la carretera, el guardia sólo te deja pasar cuando comprueba que tu visita está programada. También te enseñan un video sobre las medidas de seguridad que debes seguir.

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Al llegar a la base, ubicada a unos 3.000 metros de altura, uno se encuentra con la mayoría de las instalaciones del observatorio: La recepción, los campamentos, los edificios técnicos, la sala de control, talleres de mantención, astrónomos durmiendo, etc. Aquí nos recibió Thaís Mandiola, nuestra guía en esta visita.

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Como nuestra visita institucional continuaba hasta los 5.000 metros (*Leer más sobre las visitas), fue obligación ir al “First Aid Station”, o Estación de Primeros Auxilios, donde nos hicieron un chequeo de presión y pulsaciones, y nos pidieron firmar un papel donde asegurábamos no tener ninguno de los factores de riesgo que ahí aparecen.

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Esta es la lista de contraindicaciones que pueden impedir llegar a los 5.000 metros en ALMA. (Click en imagen para agrandar)

Yo por supuesto tenía las pulsaciones al ritmo de los pulsares y la presión de la superficie de Venus (muy altas, ambas) de la pura emoción, y por un trágico momento pensé que la vida había dejado de tener sentido y tendría que quedarme en los 3.000 metros esperando al resto, pero el muy comprensivo – y ahora mi héroe – paramédico me dio la oportunidad de relajarme en una camilla hasta que volví a los niveles normales y pude subir.

No, no hay palabras ni emoticón tampoco para esa sensación de alivio.

Al subir al auto que nos llevaría a Chajnantor nos pasaron a cada uno su tarrito de oxígeno. Te indican que una vez arriba, cada 10 minutos mas o menos respires oxígeno del tarro y lo retengas un momento, para luego exhalarlo y repetir todo un par de veces más.  Al principio parece una medida exagerada, hasta que llegas a los 5.000 metros sobre el nivel del mar.

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Una vez arriba, te toman el nivel de oxigenación en la sangre, y como estábamos  bien, seguimos con nuestro tarrito de oxígeno, pero vi a personas a quienes les pasaban una mochila con una botella grande de oxígeno conectado a la nariz mediante una manguera delgada. Valeria Foncea, Directora de Comunicaciones y Educación de ALMA, nos contó después que todos quienes deben trabajar muchas horas en Chajnantor reciben tubos de oxígeno. Quienes no cumplen el mínimo simplemente no pueden subir.

Son muy serios con la salud.

El Camino de Subida

En los 2.000 metros de diferencia que hay entre la base y el plano de Chajnantor, el paisaje va cambiando notoriamente. A medida que vamos dejando atrás la señal de celular, aparecen los cactus  gigantes que sólo se encuentran en ese tramo del camino.

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Luego aparecen las vicuñas que se pasean en pequeños grupos, cuidadas a lo lejos por el macho – Fingen que están atentas a los turistas pero en realidad nos ignoran -, y de repente uno se encuentra entre cerros y volcanes que parecen no estar acostumbrados a que los fotografíen… Tiene algo de profano haber llegado a los 5.000.

El Llano de Chajnantor

El paisaje parece ser el de otro planeta, como sucede en muchos lugares cercanos a San Pedro, pero en Chajnantor esta sensación se ve reforzada por la falta de oxígeno que se nota cada cierto rato al respirar – como cuando uno tiene hambre y come lechuga – simplemente no es suficiente.  Esta misma falta de oxígeno te hace sentir anciano cada vez que te agachas o subes una escalera y luego necesitas 5 minutos para recuperarte.

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De izquierda a derecha: Marcelo Takeda, Erika Labbé, Gilles Boeuf y Françoise Fournié en ALMA

Nosotros íbamos con otra pareja de visitantes desde Francia: Gilles Boeuf, Director del Museo de Historia Natural de París (una de las pocas personas que conozco con su propia página en Wikipedia) y su pareja Françoise Fournié, quien trabajaba en difusión sobre geología en Bordeaux. Ellos estaban tan impresionados como nosotros con todo, desde el paisaje hasta las instalaciones, y por supuesto con las hermosas antenas.

Lo primero que hicimos fue pasar al edificio donde guardan los datos y donde estaban las personas que trabajan en Chajnantor, pero luego les hablaré de eso. Vamos directamente a las ANTENAS

O casi… Empecemos con algo no menos impresionante: El camión que las transporta.

Imagen panorámica del camión transportador, desde la parte trasera:

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No falta la loca que se te cruza en medio del desierto 😉

Con una cabina más grande que mi departamento (según mi madre), el camión por si sólo ya era abrumador. Una “U” gigante con ruedas, que operaba montando la antena en esos rieles laterales ubicados diagonalmente en la foto. Con esto, levantan la antena unos cuantos centímetros y luego proceden a moverla de una lado a otro, según sea el arreglo, o distribución, que quieran utilizar los astrónomos. Existen sólo 2 de estos camiones, construidos especialmente para ALMA. Leer más sobre estos aquí.

Nuestra antena de papel se veía tierna encima de una de esas ruedas, esperando a ser transportada.

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Baje su Modelo Armable a Escala de los Camiones Transportadores aquí.

Y el de la Antena aquí.

 

Las Antenas

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Recuerdo que en una de las charlas del año pasado, mientras mostraba un póster de ALMA al público,  les advertí que si alguno de ellos había estado en Chajnantor, ni se le ocurriera decírmelo – si no quería comprometer su posibilidad de ganar algún premio en el concurso de trivia que estábamos apunto de hacer. Como lo esperaba, nadie me tomó en serio, y al otro día me llegó por twitter una bonita foto de uno de ellos entre las antenas.

¡¡Ahora yo finalmente estaba ahí!! Si hubiese tenido señal de celular, le devuelvo en ese momento la foto ;).

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Nos acercamos en auto hasta las antenas (no había oxígeno como para desperdiciarlo en caminatas) y mientras mi fotógrafo personal Marcelo Takeda sacaba estas increíbles imágenes, yo presentaba a nuestra antenita de papel con sus originales

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Es ABSURDO como se parecen. Sólo un japonés pudo diseñar este modelo a escala… (Arigato, S. Sakamoto)

Luego, a petición mía, Thaís averiguó si podía yo subir a una antena que estaban manteniendo los mismos mecánicos con los que habíamos conversado en el desayuno (ver más adelante), y como tenían un casco extra, ¡Me dijeron que si!

Una fotonovela de la subida:

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Desde arriba de la antena pude sacar los mejores panoramas ever

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and ever…

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forever..

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Dentro de la antena lo que más sobresale es este instrumento, que es el que detecta las radiaciones en longitudes de onda milimétricas y submilimétricas que recibe ALMA. Para diferenciar lo mejor posible las señales del espacio de las terrestres (que emitimos tu, yo, el mismo instrumento, y cualquier hijo de vecino), es necesario mantener estos instrumentos a una increíblemente baja temperatura de 4 ºK (-269 °C), lo que se debe mantener incluso mientras estas son transportadas.

Para una buena explicación de cómo funciona ALMA, ver aquí.

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Desde arriba también pude observar cómo se movían las antenas todas juntas (excepto aquellas en mantención, como la que estaba bajo mis pies) lo cual fue muy breve, mágico, y sin ninguna clase de aviso. Pese a esto, logré captar un pequeño video:

Luego hicimos este Gif con una secuencia de fotos tomadas desde el suelo. Noten el rápido paso de las sombras de las nubes a medida que se van moviendo las antenas, lo que refleja la velocidad del viento que había en ese momento.

El Mirador

Luego de estar entre las antenas unos 45 min, nos llevaron, en auto nuevamente, a un lugar donde podríamos admirar el Llano de Chajnantor completo. Ahí la euforia fotográfica fue máxima (Click en las imágenes para agrandarlas)

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Luego de estar aproximadamente 2 horas en Chajnantor (lo máximo permitido usualmente para las visitas, por razones de seguridad), volvimos a la base para conocer la Sala de Control, de lo cual les contaremos ahora.

 

La gente en ALMA

Una de las cosas que todos comentamos en nuestra visita fue la buena onda de la gente que trabaja en ALMA. Incluso antes de llegar, los encargados de las visitas Thaís Mandiola y Danilo Vidal responden tus 1000 mails con preguntas de la manera mas simpática que jamás me han respondido 1000 mails con preguntas. Una vez en la base de ALMA todos, absolutamente todos los trabajadores te saludaban sonrientes al pasar, activándole a una el reflejo de “¿¿será que lo conozco y no me acuerdo??” hasta que se hacía evidente que era esa amabilidad de la que uno se olvida viviendo en ciudades muy grandes.

Al llegar a los 3.000 metros también nos dimos cuenta de que habían un par de burros cerca de unos trabajadores. Nuevamente el cerebro rechazando explicaciones absurdas como “¿¿será que los usan como transporte??” (Si, claro…) hasta que Thaís nos contó que eran burros salvajes de la zona y algunos de ellos se habían aguachado porque los trataban con cariño.

Después de pasar el control de salud, Thais nos llevó en auto a los 5.000 metros, contándonos datos sobre el observatorio, su construcción, la flora y la fauna del sector, etc. Y parando cada cierto rato para darnos el gusto de sacarnos fotos.

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Una vez en Chajnantor, lo primero que hicimos fue chequear nuestro nivel de oxígeno, y pasar a la cocina donde, una vez más, todo el mundo era amable y nos sonreían, tanto así que cuando nos dijeron que podíamos prepararnos desayuno, ni siquiera lo pensamos demasiado para abrir el refrigerador y sacar pan y queso, como si fuese nuestra casa.  Luego Thaís nos llevó a conocer las salas donde se guardaban los datos que iban obteniendo las antenas. Estos ocupaban la mayor parte del recinto, que no era muy grande, ya que los astrónomos y demás personal trabajan mayormente a los 3000 metros. Aquí nos encontramos mayormente con ingenieros y técnicos encargados de mantención.

Mientras desayunábamos tuvimos la oportunidad de conversar con 3 de ellos:

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Sentados de izq. a der.: Patricio Puelles, Jonathan Silva y Jorge Olave.

  • Patricio Puelles, mecánico
  • Jonathan Silva, estudiante en práctica
  • Jorge Olave, mecánico

Encargados de la mantención preventiva y correctiva de las antenas y de las relocaciones, ¡Eran ellos quienes se encargaban de mover las antenas de un lugar a otro con esos camiones increíbles! Los entrevisté brevemente para saber cómo era su trabajo, y esto fue lo que me contaron: (click en Play para escuchar la entrevista)

Mencionaron que les gustaba su trabajo, que era distinto a los que habían hecho anteriormente, y nos contaron también que, si bien no eran capaces de correr a 5.000 metros de altura, al menos ya podían caminar rápido – cosa que nosotros no hubiésemos podido hacer.

Luego Thaís nos llevó a visitar el camión transportador de las antenas, las antenas y el mirador, como les conté anteriormente.

Cuando volvimos a bajar a la base, Thaís nos llevó a la sala de control, desde donde  los astrónomos controlan directamente los movimientos de las antenas. Mi primera impresión al entrar es que se veía completamente distinta a una sala de control de un telescopio, y más parecida a lo que deben ser las oficinas de Google:

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Erika Labbé y José Gallardo

Ahí me encontré alegremente con mi amigo y colega divulgador el astrónomo José Gallardo, quien estaba de turno.

Resultó que José también conocía a Gilles Boeuf, desde un evento Puerto de Ideas en que José había participado con su fundación Cienciacción.

Como además José habla muy bien el francés, le explicó a Françoise cómo funcionaba ALMA mientras nosotros payaseábamos alrededor, conversando con los astrónomos que hacían pruebas de mantención a las antenas (razón por la cual se movían de pronto mientras estábamos arriba), mostrándoles la antena de papel – Nop, nunca la habían visto armada -,  y fotografiando las máscaras y disfraces que por alguna razón tenían por ahí encima.

José nos explicó en un breve video lo que hacían en la sala de control:

 

Nop, no habían visto nunca la antena de papel armada.

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Pizarrones, Juguetes, disfraces, una máscara de Darth Vader digna de BigBang Theory… Todo lo que el astrónomo moderno necesita.

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Los alrededores de la sala de control.

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Thaís nos decía que en ese lugar contaban con una sala de cine, de juegos, y otras facilidades para que la gente pudiese distraerse en su tiempo libre (que no es demasiado en un sistema de trabajos por turnos).

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Thaís Mandiola, nuestra guía en la visita.

También desde la base pudimos apreciar los trabajos de construcción de la futura residencia de ALMA, nos encontramos con el semáforo de radiación UV – indicándonos “Usted se está friendo en rayos UV ahora mismo” con su luz violeta – y la vista espectacular que tienen del Salar de Atacama.

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Esta fue nuestra increíble e inolvidable visita a ALMA.

Agradecimientos.

Queremos agradecer al Observatorio ALMA por aceptar nuestra propuesta y permitirnos llegar  hasta el Llano de Chajnantor. A Valeria Foncea, Directora de Comunicaciones y Educación de ALMA, por regalarnos las fabulosas antenas armables que tantas alegrías nos han dado, y apoyarnos en nuestro objetivo, indicándonos qué debíamos hacer para lograr este reportaje. Queremos agradecer también a Danilo Vidal y a Thaís Mandiola, Coordinadores de Visitas que nos facilitaron y acompañaron en nuestro viaje, y a Gilles Boeuf y Françoise Fournié, que disfrutaron con nosotros esta increíble visita. Nunca olvidaré al paramédico Manuel que me dio otra oportunidad de tomarme la presión, ni a los mecánicos Patricio Puelles, Jonathan Silva y Jorge Olave que nos dieron la entrevista y me permitieron subir a la Antena en la que estaban trabajando. Un abrazo a José Gallardo y Liz Guzmán Ramirez, astrónomos con quienes tuvimos el gusto de encontrarnos en nuestra visita, y por último, gracias a mi fotógrafo personal Marcelo Takeda, mi compañero en todas mis aventuras.

Ahora los dejo con lo que todos queremos saber: Las visitas a ALMA

 


Las Visitas a ALMA

ALMA está efectuando visitas turísticas gratuitas a las que deben inscribirse con un par de meses de anticipación. Podrán visitar el Sitio de Apoyo a las Operaciones de ALMA (OSF), campamento donde trabaja el personal de ALMA y donde los visitantes podrán ver la sala de control, laboratorios y generalmente antenas en mantención y un transportador de antenas. Por motivos de seguridad no están autorizadas las visitas al llano de Chajnantor (AOS, donde se ubica el conjunto de antenas), debido a su gran altitud, a 5.000 metros sobre el nivel del mar.

Para acceder a estas visitas turísticas, deben:

  • Llenar el siguiente Formulario con un par de meses de anticipación a la fecha requerida. Deben llenar un formulario por cada persona, y los visitantes deben tener al menos 4 años de edad.
  • Las visitas son sábados y domingos y duran desde las 9:00 AM a las 1:00 PMincluyen transporte ida y vuelta desde San Pedro de Atacama.
  • Una vez confirmado el cupo, presentarse con su documento de identidad en San Pedro de Atacama, para tomar el bus en el estacionamiento indicado en este mapa.
  • No se recibirán visitas que no estén programadas, ni que lleguen en otro medio de transporte fuera del bus.
  • Más detalles y preguntas frecuentes en el link del Formulario.

Tip para el turista: Si le dicen que para el día requerido ya no quedan cupos, no pierda las esperanzas. Cómo ellos mismos indican en su sitio web: “en base a las experiencias de visitas anteriores sabemos que no todos los inscritos realmente llegarán, por lo que si usted queda en la lista de espera, le sugerimos que el día elegido de su visita se presente en el estacionamiento público de San Pedro de Atacama y espere a ver si quedan cupos disponibles en el bus.”

Visitas institucionales y de medios de comunicación

Si su sueño es conocer Chajnantor y está dispuesto a hacer lo posible por llegar ahí, les contamos que existen más opciones de visita: 

Si se organizan en grupos educacionales, científicos o aunados en torno a un proyecto que les permita justificar su visita, pueden postular indicando que requieren ir hasta las antenas a los 5.000 metros y esperar la respuesta. En caso afirmativo, deberán viajar y alojarse al menos un día antes en San Pedro de Atacama, para el aclimatamiento a la altura, y conseguir su propio transporte hasta la base de ALMA a 3.000 metros. Todo esto financiado por ustedes mismos

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Esta publicación fue financiada por el Fondo ALMA-CONICYT, asignado al proyecto N° 31140016